Prólogo: Rue des Pistoles, veinte años después - 1. Donde hasta para perder hay que saber pegarse - 2. Donde hasta sin solución apostar supone esperar - 3. Donde el honor de los supervivientes consiste en sobrevivir - 4. Donde un coñac no es lo que puede sentar peor - 5. Donde en la desgracia uno vuelve a sentir que es un exiliado - 6. Donde los amaneceres no son más que el espejismo de la belleza del mundo - 7. Donde es preferible expresar lo que se siente - 8. Donde no dormir no resuelve los problemas - 9. Donde la inseguridad priva de toda sensualidad a las mujeres - 10. Donde la mirada del otro es un arma mortal - 11. Donde se hacen las cosas como se tienen que hacer - 12. Donde toca rozarse con la infinita mezquindad de la inmundicia humana - 13. Donde hay cosas que no se pueden dejar pasar - 14. Donde es mejor estar vivo en el infierno que muerto en el paraíso - 15. Donde el odio del mundo es el único guión - Epílogo: Amanece otro día y todo sigue igual.
La muerte de una destacada figura de la mafia marsellesa llevará a Fabio Montale, un policía escéptico y amante de los placeres de la vida, a introducirse en una oscura trama en la que se entretejen la xenofobia, la marginación y satanización de los inmigrantes magrebíes, la corrupción y la amenazadora sombra de la extrema derecha. Y en medio de todo ello, Marsella, una ciudad en la que «hay que tomar partido» y donde, «demasiado tarde, uno se encuentra de lleno en pleno drama. Un drama antiguo, donde el héroe es la muerte».
Una magnífica novela que, con su prosa directa, sensual y triste, constituye un apasionado homenaje a la ciudad y a su dignidad perdida, al tiempo que una melancólica y desesperanzada exaltación de la amistad y de la dignidad del ser humano.